José Luis Alonso de Santos
Bajarse al moro
Madrid, Cátedra, 1990, 193 págs.

En un destartalado piso en el Madrid antiguo vivían Chusa, Jaimito y Alberto hasta que un día Chusa trajo a una nueva inquilina: Elena, la cual se había ido de casa y no tenia donde ir. Al principio Jaimito se negaba pero aún así la joven se queda en el piso ya que iba a acompañar a Chusa a bajarse al moro. Existía un problema ya que Elena era virgen y tenían que meterse algunos gramos en la vagina de modo que Chusa le pidió a Alberto que se acostara con la nueva. Este acabo accediendo pero las dos veces fueron interrumpidos: la primera vez por la madre de Alberto, y la segunda por unos ladrones que querían droga. Consiguieron librarse de ellos gracias al uniforme de Alberto que se puso Jaimito…

Henry James
Otra vuelta de tuerca
Madrid, Siruela, 1991.

¿Qué puede hacer una institutriz, sola en un aislado caserón, para proteger a sus dos pupilos del lento acoso de los fantasmas? Nos hallamos ante uno de los mejores argumentos de la literatura moderna. Se ha dicho que encierra un aviso de la presencia del Mal más allá de toda imaginación, una refinadísima historia sobre los inconvenientes de la bondad, una metáfora de la escritura. Tal vez las interpretaciones sean infinitas. La presente traducción, obra del argentino José Bianco, un escritor no por secreto menos necesario, tiene categoría de clásica. «Recuerdo ahora», escribió Jorge Luis Borges, «su admirable versión del más famoso de los cuentos de Henry James. El título es, literalmente, La vuelta de tuerca. Bianco, fiel a la complejidad de su artífice, nos da Otra vuelta de tuerca».

 

Daniel Casado
El largo andar tan breve
Madrid Ediciones vitrubio, 2003.

Cuando comencé a escribir algunos de los poemas de este libro, allá por 1993, mi única pasión era el silencio. Acababa de conocer a mi Ángel de cristal, – que propició el poema más antiguo que conservo, el único, verdaderamente, de mi adolescencia -, y se me avecinaba un curso sabático (1993-1994), que ha sido hasta ahora el más fructífero en cuanto a experiencias. De aquella pasión, del reiterado trato a solas con los libros, la música, cierta búsqueda de dios, de mi continua aproximación a los excesos juveniles, hoy rescato tres o cuatro poemas, algún nombre –tibio- de muchacha, y la incontestable certeza de que los Ángeles existen..”