Con motivo de su visita al Club de Lectores de nuestro Instituto “Santiago Apóstol”, publicamos la entrevista que dos alumnos miembros de dicho club, Isabel Corraliza y Guillermo Amador le hicieron al poeta Daniel Casado el día del encuentro en la Biblioteca.

Guillermo: Bueno, nos has comentado que escribiste este libro, “El largo andar tan breve” hace diez años, pues nos gustaría saber cuando fue la primera vez que escribiste, a parte de la poesía.

Daniel Casado: Bueno, yo empecé a escribir con 14 o 15 años. Siempre me gustó escribir letras de canciones porque descubrí la poesía con 14 años y a los 15 ó 16 ya empecé a cantar en grupos de rock; ya por entonces escribía letras, letras muy caóticas y oscuras ya que me gustaban mucho grupos como “Héroes del Silencio” y “U2” y este tipo de letras, entonces yo las escribía muy oscuras, tipo Héroes, pero ya me gustaba la poesía. Y entonces, poemas, que yo diferencio mucho entre canción y poemas, poemas como tal, pues con 15 ó 16 años… Poemas que, claro, ahora no publicaría nunca, pero sí, empecé a escribir a esta edad. Y luego, “El largo andar tan breve” está escrito a partir del año 97, o sea, hace ya 11 años.

Isabel: Una cosa que nos resulta curiosa es cómo un roquero se pasa a la poesía.

Daniel Casado: Bueno, pues hay muchísimos ejemplos, ¿no? Este verano vamos a tener en Mérida a Bob Dylan y Bob Dylan, para todos los que hemos escuchado música y hemos leído sus letras, es como Dios, o sea, para mí es como si viniera Dios a Mérida, Dylan o Leonard Cohen y otros muchos, y si me hablas de rock te puedo hablar de letristas maravillosos; ahora mismo se acaba de publicar en España una antología de letristas de rock, donde están Santiago Auserón, que es el cantante de Radio Futura y de Juan Perro. Bueno, parece que son mundos distintos, pero no, para nada. El cantante de rock pretende hacer llegar un mensaje, el poeta, igual. Unos lo hacen con unas palabras, otros con otras, en función del público al que va, pero el mensaje y el cuidado del lenguaje debe ser el mismo. Tienes a Joaquín Sabina, por ejemplo, que hace unas letras maravillosas, muy cuidadas, muy elaboradas… O a Serrat y a otros muchos, en el rock también, y yo creo que eso es un arte, sin duda, o sea, tanto en el rock, como en el pop o en el blues o en el jazz o en cualquier otro estilo, o sea, hacer una letra que sea entendible y que diga algo, eso es un arte.

G: ¿Alguna vez has escrito alguna novela o alguna obra de teatro?

DC: No, no. Me gusta mucho el teatro y también la novela, las leo para los clubes de lectura, pero no me veo.

G: ¿Y no te as planteado nunca escribir alguna?

DC: No, a ver, me he planteado hacer relatos, me gustan mucho los relatos. Es verdad que a veces he tenido ideas para una novela y he conocido experiencias que digo “aquí hay una gran novela”, pero yo no tengo el lenguaje adecuado o la paciencia para escribir una novela.

I: ¿En qué momento o circunstancias te sientes más inspirado?

DC: Conduciendo, cuando me pongo al volante, oye, es que no sé lo que me pasa. Es coger el coche, y sobre todo si es un viaje largo, voy relajado, voy conduciendo y… Pero sí, me pasa mucho conduciendo y entonces a veces me paro y anoto los versos, claro, no soy capaz de escribir un poema mientras voy conduciendo, pero otras veces sí memorizo párrafos enteros, estrofas enteras. Pero es verdad que no hay un momento determinado, cuando quieres escribir no te sale y cuando estás en otra cosa te sale y lo tienes que apuntar rápidamente. Sí es verdad que nunca o casi nunca suelo escribir un poema del tirón, aunque es verdad que a veces pasa, pero pocas. Normalmente escribo en varios tiempos: tengo la idea, la plasmo, luego le doy vueltas y ya por la noche en casa, que es donde más trabajo, sale el poema.

I: Entonces, gastarás mucha gasolina, ¿no?

DC: ¡Je, je! Sí, bastante, viajo mucho y van surgiendo esbozos de poemas.

G: Has comentado que a veces no te salen los poemas, pero cuando tienes que ponerte a escribirlos, ¿en qué momentos te resulta imposible hacerlo?

DC: Bueno, eso es una lucha titánica, eso es horrible. Hay veces que sé el poema que quiero escribir y no me sale. De hecho, fijaos, acabo de terminar un libro, este del que os he leído estos últimos poemas, que lo empecé en el 2001 y lo he terminado este año, hace dos meses, porque yo sabía el libro que quería escribir pero me venían otros poemas de otra forma, en versos mayores, en versos menores y no era capaz. Digo: “si yo quiero hacer esto”. Con esto quiero deciros que es la mente, no es la voluntad la que manda. Es, vamos a decirlo así, es la inspiración. Sabemos el poema que vale o que no vale y hay veces que sólo hacemos juegos de palabras y que están bien para ponerlos en el bloc, para publicarlos en una revista… Pero cuando quieres crear un libro, quieres que sea lo mejor. Entonces, no siempre uno escribe lo que quiere, escribe lo que puede.

G: Ya que has mencionado que te llevó mucho tiempo este libro, ¿cuánto tiempo te llevó “El largo andar tan breve”?

DC: Pues fíjate, “El largo andar tan breve” comencé a escribirlo en el 97 y lo publiqué en el 2002, que ganó el Premio “Ciudad de Mérida”, y lo repasé un poco entonces, pero hace 10 años, recopilando, porque este libro es una recopilación, digamos, de poemas de muy distintas épocas. Entonces, pues sí, desde el 97 hasta el 2000, 2001 o por ahí, un año antes de ganar el premio, estuve escribiendo poemas.

G: ¿Éste fue siempre el título durante esos cinco años que tardaste en escribir el libro?

DC: El título se me ocurrió yendo a Valverde de Mérida, en el coche. Iba conduciendo y entonces pensé: “esto ya lo he hecho, este camino ya lo he hecho y me quedarán muchas veces que tenga que coger la misma carretera, el mismo coche, la misma hora, la misma tarde, para ir al mismo sitio”. Entonces pensé: “es el largo andar de la vida, sin embargo, puede ser que cualquiera de estos viajes sea el último”, no porque me pegue un chocazo con el coche, sino porque lo mismo es el último, es decir, lo que vemos, lo decía Borges en un maravilloso poema que se llama “Mímica”, dice: “hay en mi ciudad una calle que nunca volveré a recorrer, hay en mi biblioteca un libro que nunca volveré a leer”. Bueno, pues yo he pensado: “lo mismo esta es la última vez que lo hago. Si es la última vez será muy breve, sin embargo, es tan largo lo que estoy haciendo, una y otra vez, es tan largo vivir, pero morir siempre es breve, siempre se nos hace breve”. Es una contradicción, lo sé, y por eso la defiendo, es el largo andar de la vida que se nos hace tan breve.

I: Y en tu “largo andar tan breve”, ¿qué es lo que esperas o qué aspiraciones tienes para el futuro?

DC: Bueno, pues mi futuro, básicamente, a nivel profesional, lo veo en la gestión cultural. Me dedico a la gestión cultural, sobre todo al fomento de la lectura. Llevo varios clubes de lecturas: el de la Biblioteca Jesús Delgado Valhondo de Mérida, lo coordino desde hace ya seis años, llevo otro club de lectura en Trujillo, el de la Biblioteca Municipal y luego trabajo para una asociación de gestores culturales donde coordino distintas campañas de animación a la escritura. Lo que me gusta realmente es hacer a los demás que lean, que los demás lean, que comprendan textos, que hagamos actividades alrededor de la lectura, de la literatura, de la poesía, del teatro, de la novela… Eso es mi futuro, espero, profesional. Y a nivel literario, seguir escribiendo y me gustaría alcanzar un punto, no de reconocimiento, pero sí el punto este, que creo que se puede alcanzar, en que no tenga que ganar un premio para poder publicar un libro, sino que venga un editor y me diga: “pues mira, me interesa tu libro y te lo publico”. Con eso yo lo único que quiero es la vía de llegar a vosotros, afianzar esa vía de que no tenga yo que ganar un premio, que eso es muy difícil, y poder, sin dificultad, publicar, cada año, cada dos años, cuando sea, un libro que luego llegue a las librerías de toda España y que se pueda encontrar en Internet y que vosotros no tengáis que buscaros la vida para dar con él. Eso es lo que a mí me gustaría.

G: Yo me he fijado en que en este libro el tema principal es, a parte de la memoria y el recuerdo, sueles mencionar el amor. Fue hace diez años pero ¿en el momento en que lo escribiste estabas enamorado? ¿Tenías alguna musa?

DC: Bueno, musa… musarañas, je je. Hay algunos poemas de amor en el libro, de la misma forma que en el siguiente libro que se llama “El Viento y las Brasas” es un libro de desamor. Es más productivo el desamor que el amor. Yo, entre estar con la persona que quería o que quiero o escribir un poema, me quedo al lado de la persona que quiero. En el acto del amor, o en el acto de estar juntos… Lo que realmente es productivo en lo literario es el desamor; cuando estamos abandonados, cuando nos sentimos solos, es cuando realmente escribimos, porque ese conjurar a las palabras, ese poner en orden los sentimientos, nos consuela. Esa es otra facultad de la poesía. La poesía consuela, por eso existen las elegías, por eso existen los romances, las odas… Nos consuela el expresarnos y que otro se pueda doler con nosotros, pueda emocionarse sintiendo lo que nosotros hemos sentido: que nos han abandonado, o que no hemos sido felices, o que hemos perdido al ser querido…

I: Con respecto al estilo, ¿tú piensas que tu estilo es fácil o difícil de entender?

DC: Sé que existen otro tipo de poesías más coloquiales. Hay una vertiente en los años 80 que se llama “poesía de la experiencia”, hay cantautores que me parecen muy buenos: Silvio Rodríguez, Aute, Pablo Guerrero… Muchísimos que escriben muy bien. A mí me gusta todo tipo de poesía, disfruto igual leyendo a José Hierro que con Gil de Biedma. No hay ningún problema a la hora de leer. Y escribir, yo he elegido un uso del lenguaje que requiere, os lo dije antes, una atención del lector. O sea, yo no empleo el mismo lenguaje hablando ahora con vosotros para esta entrevista que cuando escribo. Lo sé, soy consciente de eso, pero es que cuando escribo busco una intimidad que no estoy buscando ahora. Cuando yo escribo un poema, lo que busco es estar a solas con vosotros, hablaros como si nos conociéramos de toda la vida, como si pudiera deciros algo útil, no solo que soy un tipo que… No, algo útil a vosotros, solamente a vosotros.

G: Yo quería hablar de la poesía donde muestras tus sentimientos y preguntarte cómo nos podrías ayudar a crearla.

DC: Para crear poesía… Pues de muchas formas, por ejemplo la música, a los chavales os gusta mucho el Hip-hop, pues simplemente escuchar con atención. Lo que pasa es que la poesía tiene un componente que se basa en un uso del lenguaje donde se suspende la lógica. Hay muchísimos poemas, ahora mismo no me acordaría de uno en concreto, pero sí, hay muchas formas de decir las cosas. Si leéis “Poeta en Nueva York”, de Lorca, completamente. Pero la poesía exige sentir el texto, sentir las palabras, y comprenderlas también, pero lo importante es sentir: la emoción, la conexión con el poeta. Y eso puede ser común con un rapero, con un músico de cualquier cosa, etc. Pero hay que estar dispuesto a acercarse a las palabras, es lo único. Existe un poema para vosotros, para cada una de las personas del mundo, un poema adecuado, de Benedetti, de Serrat o de quien sea, pero hay un poema. Lo único que hay que hacer es estar dispuesto a sentir ese poema. A mi me pasó con Whitman, a vosotros os puede pasar con cualquiera, con Zambrano, de aquí de Almendralejo, o alguien que conozcáis, y a partir de ese momento se abre una sensibilidad en vosotros, una forma de interrogaros… Porque la poesía debe servir para interrogar, por ejemplo, la realidad que nos venden. Es decir, Antonio Gamoneda, en Mérida, me dijo ya hace unos diez años una cosa maravillosa que me la he aplicado siempre. Yo le dije: “Antonio, es que vosotros, los de la generación de la posguerra, que habéis perdido a vuestros padres en la guerra civil y que habéis tenido una posguerra durísima y una transición dura, también, precisamente por esas circunstancias sociales lo habéis tenido más fácil para escribir buena poesía, porque la realidad dura, adversa, ya la teníais ahí. Lo que es difícil es ahora con los chavales como vosotros, que tienen Internet, que tienen los iPod, que tienen mil estímulos, escribir un poema que les diga a ellos: oye, para y escucha que tengo algo que decirte. Eso es lo difícil”. Y Antonio Gamoneda me dijo: “Mira, Daniel, no te engañes, los tiempos de ahora no son más fáciles que aquellos. Quizá sea más fácil vivir, obviamente hay más comida, nos podemos vestir mejor… Tenemos más confort, pero en cuanto a efectos del poema, estos tiempos son absolutamente necesarios para la poesía y la poesía para estos tiempos. Porque ahora, no des por hecho la realidad que te venden, mantén engrasado siempre el mecanismo de la sospecha. Sospecha siempre de lo que te digan. Que te dicen que esta noticia es así, sospecha por qué te lo dicen y qué interés tienen en ello”. Desde entonces, en mi poesía intento plantearle al lector otro punto de vista, ni mejor ni peor.

I: ¿Cómo conseguís los poetas expresar vuestros sentimientos de tal manera que lleguen al lector, que es lo más difícil?

DC: Lo dice Leopoldo María Panero, que es un poeta que está “loco”, pero que es genial, y dice un verso maravilloso: “Y la luz no es nuestra”. La palabra sí, ¿vale? La palabra uno la usa y abusa, pero la luz del poema no es nuestra, no es del poeta, no es algo que uno diga: “es que soy un tío guay, que tengo una sensibilidad estupenda y soy Dios”. No, no. La luz del poema, lo que alumbra al lector, no es nuestra, no nos pertenece. Pertenece quizá a algo que queda en medio: yo escribo una parte del poema, tú al leerla escribes la otra parte, porque la estás recreando, yo solamente escribo la mitad del poema. Lo que hay en medio entre tú y yo, eso es la poesía. Yo solamente he hecho escritura. Si hay un milagro en medio de que tú me hayas entendido, eso es lo que llamamos poesía. Y os voy a decir un secreto: la poesía no es un género literario, os dirán lo contrario en clase de literatura, pero la poesía no es un género literario. Está más cerca de la magia que de la literatura. La literatura es esto: un libro que lo abres y dices: “pues mira, versos de arte mayor, endecasílabos, sonetos…,” eso es literatura. La poesía es lo que se da cuando yo he escrito un poema y tú lo lees equis años después, en no sé dónde, en tu casa, y algo te hace sentir, o no sentir, pero algo te hace. Eso es la poesía.

I: Bueno, pues muchas gracias por haber venido, por habernos ayudado a entender mejor esta magia que es la poesía y nos gustaría volver a tenerte pronto otra vez con nosotros.

DC: Por supuesto, yo espero que me volváis a invitar cuando tenga algo nuevo que ofreceros. Pues muchas gracias.

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